Lo que puedo haber sido y no fue… o cómo descubrí que realmente la vida no vale nada

Una mañana, tras un sueño intranquilo, Génesis Maynard se despertó convertida en un insecto… con el recuerdo de que algo malo había pasado. Con un nuevo caparazón.

Esa mañana, ese “en Venezuela la vida no vale nada” que se dice casi a la ligera, se había vuelto realidad. Esa mañana, la vida realmente no valía nada. Esa mañana, alguien más se había convertido en tan solo una estadística de la horrorosa realidad del país. Esa mañana, uno menos de los buenos estaba en esta tierra. Esa mañana el mundo se sentía un poco peor. Esa mañana un disparo había callado la voz y la brillante mente de uno de los suyos.

No pudo evitar enervarse ante el pensamiento de que ahora este muchacho no era más que una estadística. Víctima de la banalización de la muerte, de la distorsión de los conceptos, de la naturalización de lo antinatural, de los coping mechanisms del venezolano de esta era.

Ella se sentía impotente, porque la vida este muchacho no es una estadística más. Es más que eso. Es todo lo que puso haber sido y no fue.

Es todo el bien que ahora no hará.

Es todos los amores que no experimentará.

Es todas las ecuaciones que no resolverá.

Es todas las start-ups de programación que no montará.

Es todos los amaneceres que ya no verá.

Es todas las fiestas a las que no irá.

Es su madre, que ya nunca más lo verá.

Es todos los logros que ya no alcanzará.

Es las lágrimas que no derramará y las carcajadas que no se escucharán más.

Es todos los mundos que no salvará.

Es un ejemplo de ser humano que ahora está en pasado… que no debió estar en pasado, pero está.

Esa mañana ella se despertó leyendo un artículo de algún periódico europeo sobre cómo es vivir en la ciudad más peligrosa del mundo. Entonces, lo que estaba leyendo dejó de ser cuasi-ficción para convertirse en “la dura y cochina realidad”, como decía Guerón. En algo que pasa en el mundo real, en algo que pasa en su mundo. En ese momento las letras y las palabras tuvieron sentido, y se dio cuenta de que vivía en el lugar más peligroso del mundo, y se dio cuenta de que el primer soldado había caído.

Y no quiso pensar más…

Adiós, Luis Manuel. No dejes de brillar.

Advertisements

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s