La optimización de la miseria, una historia venezolana

Hace unos días mi cédula se venció. Comprenderán lo que eso significa: innumerables horas de diversión en el SAIME (servicio de identidad venezolano). Al salir de la cola de 3 horas del SAIME, las estrellas se alinearon: 1) había un supermercado cerca; 2) era el día de la semana que tengo permitido comprar productos regulados; 3) había productos regulados en el supermercado. ¿Qué más podía pedir?

Para no perder el calor de la cola de 3 horas que acababa de hacer, me enfilo a la segunda cola del día: la del supermercado.  La cola, que había avanzado “a buen ritmo”, se detuvo por 3 horas mientras los productos de 5 camiones que habían llegado eran descargados.

Productos disponibles, gente desesperada, un gerente de supermercado ansioso por hacer que la cola se moviese rápido… el caldo de cultivo perfecto para lo que se me ocurrió llamar “la optimización de la miseria”

Optimizar, según la Real Academia Española es “buscar la mejor manera de realizar una actividad”. Y como en Venezuela logramos cosas que desafían incluso al realismo mágico de García Márquez, nuestro gerente de supermercado decidió optimizar lo que pudiese ser inoptimizable para otras sociedades en la actualidad: la venta de productos escasos y subsidiados. He llegado a concluir que somos los maestros del desorden ordenado.

De modo que la decisión del gerente fue: vamos a vender a todos una cesta con 2 unidades de cada producto que llegó, para que pasen, paguen rápido y se vayan. ¡EFICIENCIA O NADA! Usted se lleva toda la cesta o no se lleva nada. Por supuesto, la gente en la cola exudaba felicidad, me encontraba yo misma, no feliz, pero al menos aliviada.

El problema aquí es que estamos en la miseria y buscamos maneras de ordenar y hacer más “eficiente y justa” esa miseria… no de salir de ella. Y cuando creemos que la solución es el racionamiento o la humillación de registrar nuestras huellas dactilares para que el gobierno pueda restringirnos la compra de productos tan necesarios como el papel toilet, no hacemos más que reír a quienes nos gobiernan.

Amigos, podemos cambiar de gobierno pero, y aquí entro en un lugar común, si no aprendemos a ver el bosque más allá de los árboles, a exigir cuentas a nuestros gobernantes, a ser ciudadanos… creo que estamos condenados a muchos Hugos Chávez por venir.

¿Qué optimización de la miseria estás aplaudiendo tú? Yo también lo he hecho.

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